Insultos constantes en redes sociales, intimidaciones por correo
electrónico y amenazas anónimas mediante mensajes de celular se
convirtieron en una parte constante en la vida de Alejandra, una
estudiante de tercer grado de secundaria.
Para Alejandra, internet se convirtió en un medio que le provocaba
angustia y vergüenza, pues en su perfil de Facebook y correo "ponían
insultos a cualquier hora y desde muchas cuentas". Al principio los
comentarios se caracterizaban por burlas sobre su físico pero poco a
poco fueron cambiando hasta convertirse en amenazas de golpes e incluso
en algunos correos
Aunque Alejandra sabía que no existían tales fotos empezó a dudar de
amigos y compañeros. En la escuela constantemente pensaba en quién
podía estar haciéndole eso, sin poder concentrarse en las clases o
convivir normalmente con sus compañeros. Un día recibió un correo en el
que mandaban a varios de sus compañeros las fotos anunciadas, ella
sabía que la persona que aparecía ahí no era ella, pero no tenía forma
de hacérselo saber a los demás. Su mayor preocupación es que esas fotos
siempre estarán en poder de alguien más y no podrá borrarlas como
haría en el mundo real.
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